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jueves, 22 de noviembre de 2012

Historía de Santa Cecilia, Patrona de los Músicos

En el año 1594 Santa Cecilia fue nombrada patrona de la música por el Papa Gregorio XIII y, a través de los siglos, su figura ha permanecido venerada por la humanidad con ese padrinazgo. Su fiesta es el 22 de noviembre, fecha que corresponde con su nacimiento y que ha sido adoptada mundialmente como el Día de la Música.
El padrinazgo de la música le fue otorgado por haber demostrado una atracción irresistible hacia los acordes melodiosos de los instrumentos. Su espíritu sensible y apasionado por este arte convirtió así su nombre en símbolo de la música.
Durante más de mil años, Santa Cecilia ha sido una de las mártires de la primitiva Iglesia más veneradas por los cristianos. Su nombre figura en el canon de la misa. Las "actas" de la santa afirman que pertenecía a una familia patricia de Roma y que fue educada en el, cristianismo. Solía llevar un vestido de tela muy áspera bajo la túnica propia de su dignidad, ayunaba varios días por semana y había consagrado a Dios su virginidad. Pero su padre, que veía las cosas de un modo diferente, la casó con un joven patricio llamado Valeriano. El día de la celebración del matrimonio, en tanto que los músicos tocaban y los invitados se divertían, Cecilia se sentó en un rincón a cantar a Dios en su corazón y a pedirle que la ayudase. Cuando los jóvenes esposos se retiraron a sus habitaciones, Cecilia, armada de todo su valor, dijo dulcemente a su esposo: "Tengo que comunicarte un secreto. Has de saber que un ángel del Señor vela por mí. Si me tocas como si fuera yo tu esposa, el ángel se enfurecerá y tú sufrirás las consecuencias; en cambio si me respetas, el ángel te amará como me ama a mí." Valeriano replicó: "Muéstramelo. Si es realmente un ángel de Dios, haré lo que me pides." Cecilia le dijo: "Si crees en el Dios vivo y verdadero y recibes el agua del bautismo verás al ángel." Valeriano accedió y fue a buscar al obispo Urbano, quien se hallaba entre los pobres, cerca de la tercera mojonera de la Vía Apia. Urbano le acogió con gran gozo. Entonces se acercó un anciano que llevaba un documento en el que estaban escritas las siguientes palabras: "Un solo Señor, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todo y en nuestros corazones." Urbano preguntó a Valeriano: "¿Crees esto?" Valeriano respondió que sí y Urbano le confirió el bautismo. Cuando Valeriano regresó a donde estaba Cecilia, vio a un ángel de pie junto a ella. El ángel colocó sobre la cabeza de ambos una guirnalda de rosas y lirios. Poco después llegó Tiburcio, el hermano de Valeriano y los jóvenes esposos le ofrecieron una corona inmortal si renunciaba a los falsos dioses. Tiburcio se mostró incrédulo al principio y preguntó: " ¿Quién ha vuelto de más allá de la tumba a hablarnos de esa otra vida?" Cecilia le habló largamente de Jesús. Tiburcio recibió el bautismo, y al punto vio muchas maravillas.



Desde entonces, los dos hermanos se consagraron a la práctica de las buenas obras. Ambos fueron arrestados por haber sepultado los cuerpos de los mártires. Almaquio, el prefecto ante el cual comparecieron, empezó a interrogarlos. Las respuestas de Tiburcio le parecieron, desvaríos de loco. Entonces, volviéndose hacia Valeriano, le dijo que esperaba que le respondería en forma más sensata. Valeriano replicó que tanto él como su hermano estaban bajo cuidado del mismo médico, Jesucristo, el Hijo de Dios, quien les dictaba sus respuesta. En seguida comparó, con cierto detenimiento, los gozos del cielo con los de la tierra; pero Almaquio le ordenó que cesase de disparatar y dijese a la corte si estaba dispuesto a sacrificar a los dioses para obtener la libertad. Tiburcio y Valeriano replicaron juntos: "No, no sacrificaremos a los dioses sino al único Dios, al que diariamente ofrecemos sacrificio." El prefecto les preguntó si su Dios se llamaba Júpiter. Valeriano respondió: "Ciertamente no. Júpiter era un libertino infame, un criminal y un asesino, según lo confiesan vuestros propios escritores."

Valeriano se regocijó al ver que el prefecto los mandaba azotar y hablaron en voz alta a los cristianos presentes: "¡Cristianos romanos, no permitáis que mis sufrimientos os aparten de la verdad! ¡Permaneced fieles al Dios único, y pisotead los ídolos de madera y de piedra que Almaquio adora!" A pesar de aquella perorata, el prefecto tenía aún la intención de concederles un respiro para que reflexionasen; pero uno de sus consejeros le dijo que emplearían el tiempo en distribuir sus posesiones entre los pobres, con lo cual impedirían que el Estado las confiscase. Así pues, fueron condenados a muerte. La ejecución se llevó a cabo en un sitio llamado Pagus Triopius, a seis kilómetros de Roma. Con ellos murió un cortesano llamado Máximo, el cual, viendo la fortaleza de los mártires, se declaró cristiano.


Cecilia sepultó los tres cadáveres. Después fue llamada para que abjurase de la fe. En vez de abjurar, convirtió a los que la inducían a ofrecer sacrificios. El Papa Urbano fue a visitarla en su casa y bautizó ahí a 400 personas, entre las cuales se contaba a Gordiano, un patricio, quien estableció en casa de Cecilia una iglesia que Urbano consagró más tarde a la santa. Durante el juicio, el prefecto Almaquio discutió detenidamente con Cecilia. La actitud de la santa le enfureció, pues ésta se reía de él en su cara y le atrapó con sus propios argumentos. Finalmente, Almaquio la condenó a morir sofocada en el baño de su casa. Pero, por más que los guardias pusieron en el horno una cantidad mayor de leña, Cecilia pasó en el baño un día y una noche sin recibir daño alguno. Entonces, el prefecto envió a un soldado a decapitarla. El verdugo descargó tres veces la espada sobre su cuello y la dejó tirada en el suelo. Cecilia pasó tres días entre la vida y la muerte. En ese tiempo los cristianos acudieron a visitarla en gran número. La santa legó su casa a Urbano y le confió el cuidado de sus servidores. Fue sepultada junto a la cripta pontificia, en la catacumba de San Calixto.


Esta historia tan conocida que los cristianos han repetido con cariño durante muchos siglos, data aproximadamente de fines del siglo V, pero desgraciadamente no podemos considerarla como verídica ni fundada en documentos auténticos. Tenemos que reconocer que lo único que sabemos con certeza sobre San Valeriano y San Tiburcio es que fueron realmente martirizados, que fueron sepultados en el cementerio de Pretextato y que su fiesta se celebraba el 14 de abril. La razón original del culto de Santa Cecilia fue que estaba sepultada en un sitio de honor por haber fundado una iglesia, el "titulus Caeciliae". Por lo demás, no sabemos exactamente cuándo vivió, ya que los especialistas sitúan su martirio entre el año 177 (de Rossi) y la mitad del siglo IV (Kellner).


E1 Papa San Pascual I (817-824) trasladó las presuntas reliquias de Santa Cecilia, junto con las de los santos Tiburcio, Valeriano y Máximo, a la iglesia de Santa Cecilia in Transtévere. (Las reliquias de la santa habían sido descubiertas, gracias a un sueño, no en el cementerio de Calixto, sino en el cementerio de Pretextato). En 1599, el cardenal Sfondrati restauró la iglesia en honor a la Santa en Transtévere y volvió a enterrar las reliquias de los cuatro mártires. Según se dice, el cuerpo de Santa Cecilia estaba incorrupto y entero, por más que el Papa Pascual había separado la cabeza del cuerpo, ya que, entre los años 847 y 855, la cabeza de Santa Cecilia formaba parte de las reliquias de los Cuatro Santos Coronados. Se cuenta que, en 1599, se permitió ver el cuerpo de Santa Cecilia al escultor Maderna, quien esculpió una estatua de tamaño natural, muy real y conmovedora. "No estaba de espaldas como un cadáver en la tumba," dijo más tarde el artista, sino recostada del lado derecho, como si estuviese en la cama, con las piernas un poco encogidas, en la actitud de una persona que duerme." La estatua se halla actualmente en la iglesia de Santa Cecilia, bajo el altar próximo al sitio en el que se había sepultado nuevamente el cuerpo en un féretro de plata. Sobre el pedestal de la estatua puso el escultor la siguiente inscripción: "He aquí a Cecilia, virgen, a quien yo vi incorrupta en el sepulcro. Esculpí para vosotros, en mármol, esta imagen de la santa en la postura en que la vi." De Rossi determinó el sitio en que la santa había estado originalmente sepultada en el cementerio de Calixto, y se colocó en el nicho una réplica de la estatua de Maderna.



Sin embargo, el P. Delehaye y otros autores opinan que no existen pruebas suficientes de que, en 1599, se haya encontrado entero el cuerpo de la santa, en la forma en que lo esculpió Maderna. En efecto, Delehaye y Dom Quentin subrayan las contradicciones que hay en los relatos del descubrimiento, que nos dejaron Baronio y Bosio, contemporáneos de los hechos. Por otra parte, en el período inmediatamente posterior a las persecuciones no se hace mención de ninguna mártir romana llamada, Cecilia. Su nombre no figura en los poemas de Dámaso y Prudencio, ni en los escritos de Jerónimo y Ambrosio, ni en la "Depositio Martyrum" (siglo IV). Finalmente, la iglesia que se llamó más tarde "titulus Sanctae Caeciliae" se llamaba originalmente "títulus Caecilia", es decir, fundada por una dama llamada Cecilia.

Santa Cecilia es muy conocida en la actualidad por ser la patrona de los músicos. Sus "actas" cuentan que, al día de su matrimonio, en tanto que los músicos tocaban, Cecilia cantaba a Dios en su corazón. Al fin de la Edad Media, empezó a representarse a la santa tocando el órgano y cantando.



Iglesia de Santa Cecilia de Trastevere. 


Tomado del libro: Vida de los Santos de Butler, vol. IV.
Fotos: de Internet





miércoles, 3 de octubre de 2012

La Bayamesa

El enigma de la cubanísima canción La Bayamesa



Su letra tiene como pocas, ternura, fuego, lirismo y amor…Y en su historia habitan enigmas y misterios insondables. La Bayamesa, fue una canción que estremeció no solo el corazón de una mujer hermosa, sino el de toda una ciudad llena de leyendas.

Este dos mil doce cumple 161 años La Bayamesa, la famosa canción estrenada en la antigua calle San Salvador, allá en Bayamo.

Sin embargo, luego de tanto tiempo a algunos soñadores les parece estar viendo todavía aquella novela real. En la noche del veintisiete de marzo de 1851 cuatro hombres elegantemente vestidos se reunieron ante la ventana de una majestuosa casa de esa ciudad cubana ciudad para regalar un volcán de poesía.

Ellos eran Francisco del Castillo y Moreno, Carlos Manuel de Céspedes, José Fornaris y el tenor Carlos Pérez que interpretó la melodía. La destinataria de aquellos versos cantados era la joven bayamesa María de la Luz Vázquez y Moreno, o sencillamente Luz Vázquez, como quedaría en el recuerdo de los cubanos.

¿Qué sucedió aquella noche de marzo de mil 851 durante el estreno de La Bayamesa?… Según cuentan, varios de los vecinos del lugar se despertaron maravillados por la interpretación de tan hermosa melodía. En cuanto a la homenajeada, tampoco pudo contenerse, por lo que una vez concluida la serenata, hizo pasar a sus protagonistas.

Se sabe también que hubo reconciliación entre la pareja, porque Luz Vázquez y Francisco del Castillo se amaban y no soportaban más la separación sembrada por ciertos chismes. Lo anterior, unido a la presencia de tan ilustres personajes como testigo, bastaría para hacer imperecedera esta canción. Sin embargo, existen otros detalles que la hacen mucho más grandiosa.

Los autores de La Bayamesa.

Luego de 161 años de historia, ya nadie pone en dudas la verdadera autoría de La Bayamesa, considerada la primera canción romántica y trovadoresca cubana. Sin embargo, no siempre fue así, pues durante un tiempo el tema fue declarado anónimo. Cuestión lógica, si tomamos en cuenta que a tan bella letra y melodía, le surgieron no pocos padres ávidos de reconocimiento. Incluso hubo una etapa en que la autoría de La Bayamesa se le adjudicó solo a José Fornaris, reconocido como el primer poeta siboneyista cubano. Esto ocurrió posiblemente porque fue él a quien primero recurrió Francisco del Castillo para que le hiciera una canción para su amada. Pero la verdad histórica es otra.

Han sido declarados como tales tres de los cuatro hombres implicados en su estreno la noche del veintisiete de marzo de 1851. Es decir, al poeta siboneyista José Fornaris se le adjudica la letra de tan famoso tema, mientras que Francisco del Castillo y Carlos Manuel de Céspedes fueron los creadores de su música. De hecho, Céspedes además de ser un reconocido patriota también fue un buen pianista. De manera que a los méritos de esta obra musical se añade el prestigio de sus autores como patriotas insignes y hombres ilustrados. Es más, se sabe que la serenata fue un acuerdo de Céspedes y su sobrino Francisco del Castillo…Y que ellos junto a Fornaris pusieron La Bayamesa en manos del tenor Carlos Pérez para que la interpretara aquella noche memorable ante la ventana de Luz Vázquez.

Dos enigmas de La Bayamesa.

¿Eran Francisco del Castillo y Luz Vázquez novios o esposos cuando tuvo lugar el estreno de La Bayamesa?…Ese es uno de los enigmas que todavía rodea esta pieza y para indagar en su respuesta vamos a conocer qué piensan algunos historiadores al respecto.

El primero que defendió la tesis de que eran esposos fue el investigador, periodista y bibliotecario bayamés Enrique Orlando Lacalle, para más detalles autor de varios textos sobre la Ciudad Monumento en el pasado siglo. Lacalle llegó a la conclusión de que si la canción fue compuesta en 1851, para esa fecha Del Castillo y Luz Vázquez no solo ya estaban casados, sino que incluso tenían alguno que otro hijo.
Sin embargo, otros estudiosos defienden con vehemencia que solo eran novios. ¿Quién tiene la razón?… No existe una respuesta definitiva. Porque los libros parroquiales, que constituían una fuente fidedigna, desaparecieron con la quema gloriosa de Bayamo en enero de 1869. Por cierto, otro punto de discrepancia con respecto a La Bayamesa ha sido la fecha de su estreno, puesto que en una época se aseguró que databa de 1848.

En efecto, pero aquí los historiadores sí se han puesto de acuerdo, porque ya casi existe la certeza colectiva de que se cantó por primera vez en 1851 cuando Luz Vázquez tenía veinte años de edad.

La trascendencia de La Bayamesa: su tránsito de canción romántica a patriótica.

A los pies de la ventana de Luz Vázquez se entonaron por primera vez los hermosos versos de La Bayamesa hace 161 años. Sin embargo, esta emblemática pieza ha trascendido los muros del tiempo y del lugar donde nació no solo por ser considerada la primera canción romántica y trovadoresca cubana. En verdad, hay otros elementos a tener en cuenta para explicar su trascendencia y a uno de ellos se refirió Alejo Carpentier en su libro La música en Cuba: Según expuso en este texto nuestro novelista mayor, La Bayamesa “estaba destinada a transformarse, al calor de los acontecimientos, en canción patriótica clave”. Y era lógico, porque las estrofas que antes de la revolución de 1868 se dirigían a una “gentil bayamesa” cobraron inesperado valor años después. Nada menos que por alusión subentendida a la época en que Bayamo se vio libre de la dominación española.

Se trata de un elemento muy importante a tener en cuenta para entender la trascendencia de este tema que ya cumplió 161 años de historia y todavía permanece en el corazón de los cubanos.

Existe otro hecho relevante que explica la trascendencia de La Bayamesa. Se trata de la parodia guerrera que se le inventó a la letra original después de la quema de Bayamo…
“¿No recuerdas gentil bayamesa / Que Bayamo fue un sol refulgente / Donde impuso un cubano valiente / Con su mano el pendón tricolor?.. ¿No recuerdas que en tiempos pasados / El tirano explotó tu riqueza / Pero ya no levanta cabeza / Moribundo de rabia y temor?”. Esta parodia guerrera afianzó a La Bayamesa como símbolo de independentismo y patriotismo. Como también ayudó a su trascendencia la extraordinaria originalidad del tema y su hondo sentido humanista.

La trascendencia de La Bayamesa: el patriotismo de sus compositores y de su inspiradora.

La Bayamesa, obra de profunda belleza y hondo lirismo también creció en el tiempo por la historia posterior de sus compositores y de su musa inspiradora porque a los méritos de esta obra se añade el prestigio alcanzado después por sus autores como patriotas insignes. Pensemos, para empezar, en Céspedes, el más conocido de todos entre sus compositores: fue el iniciador, el primer Presidente de la República en Armas…Pero también el que se ganó el epíteto de Padre de la Patria, soportó la destitución y murió como un héroe en las montañas de San Lorenzo.
Recordemos igualmente a José Fornaris, el autor de su letra, uno de los poetas que más le cantó a los sentimientos patrios y que además fue un reconocido conspirador contra la metrópoli española. Y no olvidemos tampoco a Francisco del Castillo, afamado abogado que abrazó también el ideario independentista, aunque no participó de la contienda de mil 868 porque falleció un año antes.

¿Y qué decir de Luz Vázquez, su musa inspiradora? … Ella también fue una reconocida patriota. Y es que hasta Luz Vázquez sobresalió por su desempeño posterior al servicio de la independencia de Cuba. Según cuentan, luego de la muerte de su esposo Francisco del Castillo, ella quedó al cuidado de sus siete hijos y a todos inculcó ideas revolucionarias. La también cuñada de Perucho Figueredo abrió las puertas de su casa a la orquesta que interpretó lo que luego sería nuestro Himno Nacional, cuando entró triunfalmente a Bayamo en octubre de 1868. Por si fuera poco, ella misma incendió su casa en enero del año siguiente y se fue a la manigua en compañía de sus hijos.

Apresada más tarde, tuvo que regresar a Bayamo y vivir con sus hijas en lo que fuera la cochera de su casa. Allí vio morir por enfermedad a una de ellas y cuando creyó muerta a la otra, terminó con su vida.
Luz Vázquez, la musa de La Bayamesa, falleció presa de angustias y dolores, pero se llevó para la posteridad esas estrofas convertidas en campanas. Las mismas que dejaron de ser suyas para con el tiempo formar parte del alma eterna de la patria.

Por: Grisel Chirino